Venus y la prueba de amor

La «prueba de amor» remite a una fórmula comúnmente admitida y rica en enseñanzas. El verbo «probar», para referirnos al amor, nos resulta más manejable que el acostumbrado «sentir»; puesto que, en su sentido puro y original, «probar» nos remite a «verificar, experimentar, conocer algo mediante una experiencia personal». Y si a menudo se dice que el amor no requiere razones, sino obras, ello quiere decir que nuestra naturaleza humana reclama pruebas.
Estamos hechos de manera que tenemos necesidad de dar y recibir pruebas de nuestro amor. No podemos conformarnos con amar o ser amados. Queremos certezas al respecto. ¿Es una debilidad? Sin duda. Pero ello se debe a que las sensaciones, emociones y sentimientos que experimentamos cuando amamos tienen algo de incompatible con la razón, la lucidez y el dominio de uno mismo, que, como sabemos, son cualidades atribuidas a Saturno.
En otras palabras, el amor nos hace perder nuestras facultades. Por eso buscamos seguridad intentando encontrar pruebas de que lo que sentimos es cierto.
En efecto, en general, el amor es irracional y totalmente descabellado. Tendemos, pues, a exigirle algún tipo de prueba.

Eros y Amor

El concepto griego de Eros, tal como se nos presenta en la mitología, está mucho más cerca del amor, tal como lo vivimos y experimentamos, que de la tardía y esquemática interpretación que hemos hecho reduciéndolo al sentido del erotismo o deseo sensual.
En efecto, en un principio Eros, dios del amor de los griegos, según la leyenda cosmogónica, nació al mismo tiempo que la Tierra, como consecuencia, al igual que la misma, del Caos original, del Huevo cósmico. Este Huevo habría sido engendrado por la Noche.
Cuando apareció dicho Huevo, en el momento en que Eros salió de su cascara, la parte inferior de ésta formó la Tierra, y su parte superior el Cielo. Ahora bien, no olvidemos que Venus era Afrodita para los griegos, la diosa del deseo, y no del amor.
En una carta astral, el astrólogo se refiere, pues, a Venus, no a Eros. De lo cual podemos deducir, inspirándonos en la leyenda de Eros -que aquí representa al amor primordial que unificó el mundo-, que Venus-Afrodita es quien experimenta el deseo que conduce al amor, en el sentido del amor perfecto, absoluto, sin límites, del que todos nosotros, sin duda, somos capaces; pero al que todos tememos, puesto que sobrepasa el marco de la razón y del entendimiento. Sin embargo, es ése quien nos empuja a amar.


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