La Luna, la iniciación y la instrucción

Se suele decir: he cambiado mucho. Como si nos sintiéramos culpables de ser como somos. Sería más correcto decir: «no estoy de acuerdo conmigo mismo». Puesto que, en realidad, no se cambia jamás; aunque durante el camino, con el tiempo y la experiencia, y con nuestra conciencia comportándose correctamente, nos veamos bajo uno o más ángulos distintos, Eso sí, nuestros deseos, nuestras necesidades y nuestras emociones se transforman; por ello, tenemos la impresión de que cambiamos, mientras que lo que ha cambiado es nuestro punto de vista, eso es todo. ¿Significa esto que no tenemos ninguna perspectiva de cambio, transformación, evolución y que nos estamos engañando continuamente al respecto? Por supuesto que no. Pero la mayoría de las veces, las profundas transformaciones que se producen en nosotros son de tipo emocional, y no proceden del dominio de la reflexión y la razón.

Tal vez partan de ahí la diferencia y los matices que se dan entre la iniciación -que etimológicamente significa «entrar, empezar»- y la instrucción -que quiere decir «acción de disponer, de adaptar»-. La iniciación es una especie de nacimiento, mientras que la instrucción procede de la capacidad de adaptación, tan apreciada por el ser humano, y de su propensión a disponer, a organizar las cosas, a concederles un orden, una función, una razón de ser. La iniciación, el nacimiento, el principio y el comienzo casi siempre suscitan una o más emociones fuertes. Ahora bien, estas emociones y sensaciones, todas juntas, forman la «expresión y la manifestación de la sensibilidad de un ser», que es lo que nos indica la Luna en una carta astral.

astrología
La Luna afecta directamente a las mujeres en su vida, en su naturaleza y en su mente, donde la emoción ocupa el lugar más importante.


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