El Sol y la conciencia

Desde el momento del nacimiento de un ser hasta el de su muerte, la posición del Sol en la carta astral nos informa sobre su nivel de conciencia y de voluntad, que son la manifestación de su conciencia.
Respirar, oír y ver nos parece algo completamente normal. Son actos que realizamos incluso sin pensar. Sin embargo, sin darnos cuenta, al hacerlo, estamos tomando conocimiento, posesión y conciencia del mundo exterior, el cual se convierte en una realidad para cada uno de nosotros. Y es te mundo exterior, aunque lo hayamos conocido desde el momento de nuestro nacimiento —instante a partir del cual se establece una carta astral-, lo desconocíamos antes del momento en que, al salir del vientre de nuestra madre, efectuamos por primera vez nuestra respiración completa, abrimos ojos y oídos a la vida, a este mundo exterior que existe sin nosotros. En otras palabras, podemos decir que el mundo donde vivimos existe en sí mismo. Sin embargo, si lo pensamos bien, para nosotros, existe porque lo vemos. Antes de nuestro nacimiento, el Sol ya brillaba desde hacía mucho tiempo.

Y después de nuestra muerte seguirá brillando durante mucho más tiempo. Según los astrofísicos, el Sol es una estrella que nació hace 5 mil millones de años y sólo está en la mitad de su vida, mientras que el hombre nació hace aproximadamente alrededor de 100.000 años. Pero concretamente, por lo que a nosotros se refiere, el Sol, el gran distribuidor de luz y de vida en la Tierra, parece que brille para cada uno de nosotros e ilumine lo que para nosotros es el mundo exterior, permitiéndonos distinguir lo que es visible de lo que no lo es. Por ello, lo que llamamos el mundo físico, todo lo que vemos, todo lo que nos rodea allí donde vivimos cada día, se mezcla con nosotros. No concebimos estar en la oscuridad absoluta. En efecto, si lo estuviéramos, todo lo que pensamos, nuestra situación en el espacio y en el tiempo, nuestra percepción del mundo y de la realidad, el conocimiento que tenemos del mundo y la conciencia que tenemos de nosotros mismos, desaparecerían.

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Sin nuestra capacidad de ver este mundo iluminado por el Sol, no seríamos lo que somos y tal vez no sabríamos quiénes somos, no tendríamos ninguna conciencia de nuestra existencia y de nuestra presencia en la Tierra.





 

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